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David Bravo Bueno

Índice de capítulos

  1. Beneficios
  2. Falsos dogmas
  3. La industria y los artistas
  4. La ley y las redes P2P
  5. Haz lo que debas
  6. Manual para empresarios forrados y sus defensores
  7. Que el mercado venga a Mahoma
  8. En la búsqueda de alternativas

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La industria y los artistas

Los derechos de autor, englobados dentro del concepto general de propiedad intelectual, se dividen en derechos morales y patrimoniales. Es a estos últimos a los que se refiere la SGAE cuando se lamenta de su infracción. Sin embargo, estos derechos pocas veces los tienen los autores sino que son cedidos a empresas. Raro es que los titulares de los derechos de autor sean los propios autores. Excepcionando los morales, los demás se ceden a cambio de una limosna muy parecida a la nada.

El editor, una especie de manager de los autores que por lo general está vinculado a una discográfica, se hace titular de tus derechos de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación, y se encarga de "mover" tu obra a cambio de un porcentaje de los beneficios que genere. Ese porcentaje ronda entre el 30 y el 50%.

Con el contrato discográfico el artista cede al productor el derecho a fijar su interpretación y el derecho a reproducir, distribuir y comunicar públicamente esas fijaciones. El royaltie es el precio de ganga por el que contratarás con la discográfica y que consiste en un porcentaje de los beneficios obtenidos por la venta de discos. El porcentaje no suele pasar del 8%, lo que te deja una cantidad suficiente para alimentarte siempre que sea a base frutos secos.

Cuando hablemos del derecho del autor a autorizar la comunicación de sus obras o de prohibir su reproducción, de lo que estaremos hablando es del derecho de las empresas. De hecho, la autorización que te dé el autor sobre sus obras es tan eficaz como la que pudiera darte tu vecino de abajo. Los autores han cedido sus derechos de explotación para conseguir acceder a la grabación de sus obras y desde ese momento no tienen nada más que decir en ese terreno.

Las discográficas suelen crear editoriales para participar en los beneficios de la difusión de las obras y para recuperar gastos por los pagos de derechos de autor. Por ejemplo, el pago que los productores hacen a los autores a través de SGAE por los derechos de reproducción mecánica de las obras que van a sacar al mercado, les viene en un gran porcentaje de vuelta gracias a la figura del editor que ellas mismas han creado.

Los contratos discográficos son lo más parecido que hay a los pactos con el diablo. Con ellos vendes el alma a cambio de un deseo. El deseo, ver tu disco en las estanterías, es lo suficientemente poderoso como para que la mayoría festeje el fuego eterno con una sonrisa.

Mahou y su concepto de la libertad

En un concurso musical que ha organizado Mahou, los participantes pueden mandar sus canciones siempre que no tengan un carácter ofensivo o trasgresor. Superada esta primera prueba científica que pretende comprobar que tu música es completamente estéril, un jurado pasa a seleccionar al grupo o solista ganador. El premio, la suscripción de un contrato discográfico, tiene unos efectos secundarios que ni el diablo había previsto para sus pactos con los incautos. Mahou podrá utilizar tu imagen con fines publicitarios o promocionales de sus productos sin que tengas derecho a recibir pago o contraprestación alguna por ello. No solo tu imagen, los derechos de explotación sobre tu obra también cambian de manos durante tres años en el mismo momento en el que firmes los contratos de representación artística, producción discográfica y edición.

Los que pierden también ceden un trocito de alma. Por el mero hecho de remitir sus maquetas autorizan gratuitamente a Mahou a reproducir, comunicar públicamente, distribuir y transformar las obras musicales durante un año y en todo el mundo.

Libera tu música es el eslogan que promociona este concurso creado para esclavizarla.

Las cuatro grandes

Dice la Biblia que si tu ojo te induce al pecado, debes arrancártelo. No son pocos los artistas que siguiendo la Biblia del poder financiero han decidido arrancarse el ojo izquierdo para que no les haga ver lo que no conviene. En el mundo de los tuertos del ojo izquierdo los grandes empresarios discográficos están preocupados por la pérdida de puestos de trabajo y por la economía de los artistas a los que vampirizan. En el mundo de los tuertos, los artistas defienden a sus parásitos.

Antes, los cantantes decían que la música era un bien cultural, no solo para que se respete su arte en lo que vale, sino para poder pedir así la reducción del IVA, pero si alguien se agarra a eso para decir que como bien cultural debe tener posibilidad de acceso a él a pesar de no tener dinero, solo tapándote el ojo izquierdo la palabra "cultura" se transforma en "ocio" o en "producto de lujo". En el mundo de los tuertos es normal que los empresarios que fabrican cantantes en sus despachos, convirtiendo el panorama musical en la posibilidad de elegir entre lo mismo y lo mismo, acusen de asesinar a la música a los pocos melómanos que todavía la respetan.

Las discográficas acusan a los que se descargan música de Internet de robar y asesinar de hambre a los artistas. Esta paradoja, que equivale a que el Conde Drácula llame parásitos a los mosquitos, roza lo esquizofrénico cuando tienes oportunidad de ver cuánto dinero ganan los cantantes por la venta de sus discos y cuánto se quedan los intermediarios en el proceso. De entre todos los mitos más descarados sobre el mundo de la música, mis dos favoritos son el de que Britney Spears se casó virgen y el de que las descargas de música condenan al ayuno perpetuo a los cantantes.

José Neri, presidente de la Sociedad Digital de Autores y Editores, dice que el 90% de la música que se hace en este país tiene un fundamento, que se llama "huevos fritos y patatas", que es lo que comen los músicos. Para que no sigan comiendo huevos y patatas tenemos que conseguir que la gente progrese de alguna manera.

No puedo estar más de acuerdo con él. Sin embargo no parece que el actual modelo sea el más indicado para asegurar los huevos fritos con patatas de los músicos. Los artistas ganan por las ventas de sus discos una cantidad que oscila entre nada y prácticamente nada. Más del 90% de los ingresos que produce un disco se queda en el camino.

En su día se hizo muy famoso el Manifiesto de liberación de Kiko Veneno en el que celebraba con la misma euforia de quien ha salido de Alcalá Meco, el final de su contrato discográfico. Posteriormente facilitó su carta de royalties donde se demostraba lo baratos que creían que estaban los huevos fritos con patatas esos tipos de la industria discográfica. La liquidación ascendía, por la venta de 623 copias, a 6.314 pesetas, el equivalente a un 3% por disco. Como la liquidación era semestral eso quiere decir que su remuneración era de poco más de 1.000 pesetas al mes. Créanme, soy abogado, y puedo decirles que 1.000 pesetas al mes está por debajo del salario mínimo interprofesional.

Lo peor de todo es que Kiko Veneno había recibido un adelanto por parte de su discográfica del que probablemente ya ni se acordaba, así que no solo no cobró esas 6.314 pesetas sino que tuvo que devolver 64.147. Así está de delgado.

Kiko Veneno no es una excepción. De hecho si ese 90% de los músicos del que hablaba José Neri tuviera que vivir de la venta de sus discos, los huevos fritos con patatas serían para ellos comida de reyes. Según el Departamento del Trabajo de los Estados Unidos, en el año 2001 el promedio de ingreso anual de los artistas en ese país fue de 45.900 dólares. Si ese es el promedio y tenemos en cuenta que el 10% de los artistas que trabajan para la RIAA son millonarios, podemos hacernos una idea aproximada de cuánto ganan los músicos en el país que más música exporta a todos los puntos del planeta.

Algunos pensarán que se trata de una simple mala negociación de un contrato pero la realidad es que las posibilidades de negociar para un artista que comienza son iguales a cero. Las opciones que se le presentan son las mismas que tuviste tú en tu primer empleo y que se reducían a "te ofrezco esto o te ofrezco nada". La única diferencia es que incluso hay menos discográficas que trabajos. Son 4 discográficas las que controlan el 80% de la producción de la música del mundo y, si te parece poco lo que dice el contrato que ellas te presentan, no tienes más que volver a casa y seguir cantando bajo la ducha como hasta ahora porque no hay más ofertas.

Si esto es lo que ganan los músicos y si así los tratan los empresarios de la industria ¿por qué aparecen tantos cantantes en televisión tirándose de los pelos por la "piratería" y llamando "gentuza" y "ladrones" a sus propios fans? Para analizar eso hay que reparar antes en qué tipo de cantantes son los que aparecen habitualmente en los medios.

La BBC asegura que artistas tan diversos como Jean Michel Jarre, Eminem y el batería de Metallica, Lars Ulrich, han atacado públicamente a los piratas informáticos ¿De verdad son diversos? Yo creo que todos tienen un común denominador muy evidente: todos son asquerosamente ricos. Este tipo de cantantes no solo tienen unas posibilidades de negociación con las discográficas infinitamente más poderosas sino que venden discos por millones. Lo curioso es que cuando estos cantantes hablan en los medios de comunicación, dicen estar preocupados por los artistas noveles y que sus palabras buscan justicia para ellos. En este mundo patas arriba a nadie le parece extraño que los ricos digan estar representando a todos los demás.

Julio Iglesias dice que la "piratería" a él no le afecta mucho pero sí a los que empiezan, que es como suele llamarse a los músicos que llevan décadas en ese negocio pero que todavía no han salido en televisión. Mientras los artistas millonarios se llenan la boca con protestas contra las descargas de P2P preocupados por los que empiezan, estos últimos pasan olímpicamente del supuesto problema de las descargas de la red. ¿Qué más le da a un cantante mediano vender 10.000 discos en lugar de 15.000 si de todos es sabido que para vivir de sus discos un artista como éste tiene que guardar el requisito de ser anoréxico? La respuesta aparentemente podría ser que si ganan poco y encima sus discos no se compran porque se descargan, estarían ganando menos que poco. Podría ser cierto pero, una vez que se ha fijado ese poco que la piratería aparentemente les quita, habría que preguntarse cuánto les da si es que algo les da.

Desde que la música ha alcanzado esta difusión gracias a Internet el número de conciertos se ha disparado. El principio es sencillo: a mayor acceso a la música mayor número de melómanos y mayor número de personas dispuestas a pagar por verte tocar en directo. El cantante ToteKing sabe bien la relación entre las redes P2P y el aumento de consumo de directos. Él rechaza la persecución de los que intercambian música en Internet porque entonces perseguirían a la gente que viene a mis conciertos y eso no tiene sentido.

El aumento de los directos de música popular en 2003 con respecto al año anterior es de un 39'6%. En los últimos cinco años su número ha crecido de los 56.845 celebrados en 1999 a los 101.323 de 2003. Es decir, el incremento es de un 78'2%.

Es precisamente en los directos donde los músicos consiguen los famosos huevos fritos con patatas que tanto preocupaban al Sr. Neri. Los autores, que muchas de las veces son también los intérpretes, han visto también aumentar sus beneficios por la comunicación pública de sus obras en directo año tras año.

Jaime García Soriano, cantante de Sexy Sadie, sitúa en una relación del 70%-30% el balance entre ingresos por actuaciones y por venta de discos. Miguelito Superstar, de la Fundación Tony Manero, dice que la relación es del 80%-20%. Pero no solo los artistas más modestos, el principio es idéntico en las grandes estrellas. El grupo "Los Delinqüentes", cuando habla de su caso resume bien el de otros muchos: nuestro negocio no es vender discos, ese es el de la compañía. Nosotros ganamos dinero de dar conciertos.

La explicación de la SGAE a este aumento en los conciertos no es que cuanta más música se escucha más se quiere disfrutar en directo, lo que a simple vista parece evidente a la mayoría. Sus razones han sido variopintas, como aquella de que la clave se encuentra en el fenómeno Operación Triunfo. El crecimiento hay que agradecérselo, no a la enorme difusión de la música, sino a Rosa de España. Ese profundo argumento tambalea al comprobar que los conciertos continúan su ascenso, en los momentos en los que de ese programa ya no se acuerda nadie.

A pesar de que nosotros mismos hemos acudido a muchos conciertos por la sencilla razón de que nuestro amigo nos ha copiado un casete de un grupo que terminó gustándonos, y a pesar también de que parece evidente que cuando este intercambio se dispara, también habrá de dispararse la asistencia a los directos, la SGAE prefiere seguir el dogma de "al enemigo ni agua" y buscar otras razones como el fenómeno OT. Sin embargo, según informa el periódico EL PAÍS en su artículo El Negocio Musical se apunta a los Conciertos, lo cierto es que el aumento ha incidido sobre todo en los directos de los que no son productos mediáticos. Literalmente esos datos son los siguientes:

  • Luismi Villarrubia, programador de la sala Sol de Madrid, comenta que, en su sala, con capacidad para 450 personas ha pasado de programar Jueves, Viernes y Sábado a hacerlo de Martes a Sábado ininterrumpidamente. Según él esta tendencia se mantendrá porque nota que que el público está recuperando las ganas de asistir a conciertos.
  • Paloma Cordón, de la empresa Sinnamon, gestora de la sala barcelonesa Razzmatazz, lo tiene claro: Creo que las descargas de Internet y la copia privada ayudan a difundir la música de los grupos más pequeños, esos que nos han permitido aumentar sensiblemente en un año la oferta de actuaciones de pequeño formato.
  • Jaume Hernández, de la discográfica Houston Party, dice: Internet y las descargas de audio son un aliado en la promoción de nuestras bandas, los conciertos la potencian y además vendemos cada vez más discos y merchandising en las puertas de los locales en los que actúan nuestros grupos. La tendencia que intuimos es un notable refuerzo de la música en directo.

En la actualidad, como el fenómeno OT ya no puede pretender explicar la realidad de que los conciertos casi se han multiplicado por dos en los últimos cinco años, se prefiere señalar como causa a la magia. Todo sea por no reconocer los beneficios que para muchos músicos supone ese fenómeno que la SGAE intenta aniquilar. El director de la SGAE en Canarias, Octavio Álvarez, dice que es muy difícil establecer una relación entre la "difusión ilegal" de la música y el hecho de que los conciertos se llenen, ya que el éxito de los conciertos es casi un misterio. El Triángulo de las Bermudas, el Yeti y la multiplicación de los directos son fenómenos paranormales difíciles de explicar. Los melómanos criados por el intercambio de música acuden en masa a los conciertos convocados por algún tipo de rito vudú.

Mientras desciende la venta de discos, todos los demás conceptos se disparan. No solo los conciertos, sino también el merchandising, las revistas especializadas y la venta de compactos y DVDs vírgenes que han incrementado los ingresos de SGAE por copia privada en un 155% con respecto al 2003.

Según el último balance de SGAE que su presidente califica de "agridulce", aumentaron los ingresos por Reproducción Mecánica, Artes Escénicas y Musicales, Comunicación Pública y radiodifusión. En la nota de prensa difundida por esta entidad de gestión, el aumento se justifica porque tanto la música como el cine están cada vez más presentes en la vida de las personas. La razón por la que están tan presentes no la señalan.

El negocio, que muere en un sitio para renacer en otro, ha hecho aumentar la recaudación de la Sociedad General de Autores año tras año. En 2002 sus beneficios aumentaron en un 1'9%, en 2003 en un 5'2% y en 2004 se ha disparado a un 11'9%, recaudando 300'76 millones de euros. Esa cantidad, conseguida en un año donde las descargas de Internet se incrementaban en un 50%, supone el record absoluto de la SGAE en toda su historia. Ante esas cifras, Pedro Farré dice lo que muchos callan: Lo que está en crisis es el mercado del disco. La música, en cambio, está muy viva. Entonces, esta cruzada que adoctrina y persigue a los que intercambian música ¿a quién pretende realmente proteger? ¿A la muy viva música o al negocio de los que intermedian entre quienes la crean y quienes la escuchan?

La industria musical es como un personaje de película de fantasmas que no sabe que está muerto hasta el final, mientras tanto, y hasta que se da cuenta, solo alcanza a dar algunos buenos sustos.

Para que la cultura esté viva es necesario que los ciudadanos tengan cultura musical y capacidad de elección. Se tambalea el modelo de negocio de las multinacionales basado en los superventas. El hecho de que la difusión de la música crea melómanos, choca con un sistema que se ha basado en confiar en la estupidez del público. Del mismo modo en que los políticos saben que una sociedad desinformada es una sociedad manejable, las discográficas llevan años practicando el deporte de degradar el valor de la música vendiendo productos que en nada se parecen a ella. Según el diario ABC, la música que hasta ayer era minoritaria como la étnica, celta, jazz, flamenco y blues, ahora cuentan con más espacios que nunca.

La música está muy viva, decía Farré. Sin embargo, el 21 de Junio de 2004, cuando Teddy Bautista junto con autores y músicos, se reunieron con Zapatero para trasladarle sus quejas, el eslogan que se usó fue: La música se muere, ayúdanos. Pero si la música está muy viva ¿cómo es que se muere?

Un modelo de negocio anticuado y obsoleto se empeña en hacerle el boca a boca a una cultura en plena forma. Mientras tanto, y sin querer darse cuenta de que él es el moribundo, su tiempo se le agota.

Coautores empresariales

En ocasiones, las grandes corporaciones minoristas deberían aparecer como coautoras de las obras que venden. Las grandes tiendas, exaltados defensores de la cultura, son muchas veces las que más hacen para encarcelarla, censurarla y condicionarla. El hecho de que una gran cadena de tiendas se niegue a vender tu disco puede ser la línea que separa el éxito de la bancarrota. Conocedoras de ese poder, ejercen una censura que consiste en el expeditivo acto de hacerte desaparecer retirando tu disco de los estantes.

La cadena Wal Mart se negó a vender el disco de Nirvana In Utero porque en su portada aparecía un feto y porque incluía una canción titulada Rape Me (Viólame).

En términos financieros, que el gigante Wal Mart se empeñe en no vender tu disco, significa que éste tendrá un 10% menos de ventas. Ese fue suficiente argumento para que Nirvana y Warner se decidieran a hacer una edición especial para Wal Mart donde se suavizaba la portada y donde la canción Viólame pasaba a llamarse Chico abandonado.

Ahora, sustituyendo fetos y violaciones por chicos abandonados, el disco seguiría su curso comercial con normalidad.

Este caso que se hizo famoso no es una excepción sino que constituye la regla de ciertas corporaciones. Teresa Stanton, gerente de la tienda Wal Mart de Cheraw, nos explica el procedimiento a seguir con los productos que no encajan con su cliente tipo: cada dos semanas quito de las estanterías algo que no creo que tenga una calidad adecuada para Wal Mart.

El problema no es el específico disco de Nirvana ni el hecho de que algunas personas accedieron a una versión descafeinada y censurada del disco, sino que el hacer dos discos diferentes, uno para el censor y otro para el resto del planeta, es algo que muy pocos se pueden permitir. A la mayoría de músicos se les da un presupuesto que a duras penas sirve para grabar un solo disco, así que la posibilidad de hacer dos versiones para contentar al tipo de las tijeras es, simplemente, un sueño imposible.

Ante esa tesitura, muchos optan por grabar con la autocensura ya integrada. La amenaza de las tiendas "para toda la familia" que no venden música que pudiera atentar contra el gusto más mojigato sirve como filtro a la hora de componer. Y si eso no es suficiente para que reprimas tus opiniones o maneras más escandalosas, ya estará ahí tu discográfica para recordarte a quién no debes enfadar. Los grupos, por lo general, solo tendrán recursos para sacar una versión del disco, y, la mayor de las veces, esta versión será la censurada por el miedo de su discográfica a que el disco desaparezca de los estantes.

El principio de la música se repite en el cine. La censura de las grandes corporaciones condiciona el modo en que se crea la cultura. La cadena BlockBuster, que controla el 25% del mercado del vídeo en EEUU, no distribuye las películas calificadas NC-17 que son las que prohíben su visionado a menores de 17 años, estén o no acompañados de un adulto. Esta vigilancia que pretende que el pequeño Tommy no se traumatice con la última película violenta de Hollywood y termine a balazos con sus compañeros de pupitre, está considerada para los productores como una etapa más del proceso de creación. Todo aquello que pueda significar la calificación maldita es, en la mayoría de las ocasiones, cortado y tirado a la papelera, dejando una versión edulcorada que será la que tú recibas. El director David Cronenberg, asegura que las presiones para hacer una película para adultos son enormes porque ahora se parte de que todas las películas deben ser adecuadas para los niños.

Los estudios de cine saben que el negocio está en los productos para todos los públicos y que el sello NC-17 puede ser el epitafio de una película que todavía ni tan siquiera ha nacido. Muchas películas son suavizadas en la sala de montaje para escapar de esa calificación. Los personajes promiscuos se recatan, los drogadictos se desenganchan un poco y los violentos relajan sus metralletas. Esta censura de mercado que hace el trabajo que ayer ejercía la censura del dictador, alcanza su máximo éxito cuando consigue que sean los propios autores y productores los que adquieran un sentido de la contención perfectamente integrado.

Las calificaciones PG-13 son las que no están recomendadas, aunque tampoco prohibidas, para menores de 13 años, mientras que las R no lo están para menores de 17. La huida de la R al PG-13 es uno de los principales objetivos del productor. Es cierto que eso supone muchas veces remontar una película hasta hacerla irreconocible para su director, pero el fin de las multinacionales cinematográficas, como el de cualquier empresa, es la maximización del beneficio. Tal y como informa el dirigente de un gran estudio desde la revista IMÁGENES, si se estrena una película R en lugar de PG-13 uno se arriesga a perder millones de dólares. ¿Y cuál sería la razón? ¿Integridad artística? ¡Por favor! Seamos realistas.

Los superventas

No me meto en política, no me meto ni despotrico contra ningún gobierno o raza. Intento hacer algo fácil, divertido, alguna canción en que la gente se sienta partícipe, que la chica que está bailando le excite bailar esa canción, que forme la historia de esa chica, ese chico o ese grupo que esté bailando. ¿Poesía? Cada uno llama poesía a lo que quiere. Yo lo que trato de hacer es algo divertido, algo que rime.

King África

Una de las características más relevantes de los superventas es que son ideológicamente estériles. Esta virtud es la que les hace imprescindibles en un sistema que basa su supervivencia en la desinformación, la pasividad y la distracción.

El hecho de que la mayoría de los cantantes muchimillonarios no tomen partido por nada, tiene, como casi todo, razones de mercado. Es bien sabido que el objetivo de un superventas no es otro que el de supervender. Decantarse por una ideología, cualquiera que sea, puede suponer la extirpación inmediata de un sector comercial. Las discográficas son conscientes de que los temas polémicos polarizan el mercado, y esa es la razón por la que el 95% de la música está copada por movimientos sexis, cachetes con cachetes y pechitos con pechitos.

El hecho de que la cultura que es comercialmente rentable sea la que resulta aséptica, tiene un efecto importante en la sociedad. La cultura es fundamental en el desarrollo personal y puede ser la línea que marca la diferencia entre que tu hijo se preocupe porque no tiene Nikes con muelles o por el precio de la vivienda. Son los grandes poderes económicos los que fabrican la ideología y te la transmiten en forma de publicidad, de noticia o de canción del verano. La aparición de las redes P2P pone en jaque el pensamiento cero que promocionan estos ídolos de cartón piedra desde todos los medios de comunicación.

Esta realidad, que multiplica neuronas y melómanos, es el enemigo público número uno de las discográficas y de los gobiernos, que se han lanzado a una campaña propagandística para advertirte de que tu interés por acceder a la cultura es inmoral, ilegal y peligroso.

Como sería intragable que un magnate discográfico apareciera en televisión con su corbata y su gomina para exigir a la sociedad que dejen de descargar música, la estrategia a seguir ha sido la de enfrentar a músicos con los que deberían ser sus aliados.

Que los músicos morirán de hambre es el principal argumento que esgrimen estos guiñoles y el gobierno, utilizados como señuelos por las grandes corporaciones. Según EFE la Ministra de cultura dijo que era importante hacer una nueva Ley de la Propiedad Intelectual para luchar contra la piratería porque, de lo contrario, nadie querrá trabajar y dedicarse a este campo tan importante y con el que muchos comen a final de mes.

Lo cierto es que ese es literalmente el problema: con el actual sistema muchos comen a final de mes, pero el resto de los días no prueban bocado. Sería bueno que tiraran la casa por la ventana con esta reforma e intentaran que los autores al menos pudieran picar algo durante el mes entero.

La ministra, cuando da estas declaraciones, pretende referirse al proletariado de la música pero para preparar esos discursos se reúne con la élite. ¿De verdad Bisbal, Alejandro Sanz y Caco Senante son buenos ejemplos de cantantes que comen solo a final de mes? ¿Tiene pinta Caco Senante de llevar esa dieta?

Los superventas con los que habitualmente se reúne la Ministra no solo no son representativos sino que los efectos que las descargas tienen sobre ellos son muy distintos a los que tienen en la gran mayoría de músicos.

La razón por la que los que venden discos por millones se quejan por el intercambio de Internet es porque éste da a los músicos lo que los superventas ya tienen: publicidad.

Los conciertos de Alejandro Sanz no aumentan por mucho que se distribuya su música por las redes P2P. Si este cantante va a tu ciudad, tú ya sabes si su concierto te va a gustar o no, o si merece o no la pena ir, aunque no hayas escuchado un disco suyo en toda tu vida. Los superventas, en otras palabras, no necesitan de las redes de intercambio para que se les conozca, porque de eso ya se encargan los medios masivos de comunicación.

Y no solo no les da, sino que les quita. Tú mismo recordarás que dejaste de ser fan de los Backs Streets Boys el día que aquel tipo del pelo largo que se sentaba a tu lado en clase de Ética, te enseñó un mundo de música independiente que ni siquiera sabías que existía. Los Back Streets Boys ya podían olvidarse de ti.

Ese alumno que te sacó del mundo de la música prefabricada y que es el enemigo número uno de las multinacionales, está ahora multiplicado por millones en las redes de intercambio de archivos en Internet. Más de cien millones de personas que comparten música y que se descubren cada día mutuamente que hay vida más allá de Bustamante. Los conciertos de muchos superventas no solo no suben, sino que corren el riesgo de bajar si sus fans descubren que hay otros mundos.

De hecho, según el anuario de la SGAE de 2004, los grandes conciertos (aquellos que tienen más de 2.500 espectadores) han bajado de 1.104, en el año 2002, a 865 en 2003, mientras que los conciertos normales han subido drásticamente de 71.469, en 2002, a 100.458, en 2003.

El mercado de la música está basado en los superventas: seis o siete grupos o cantantes que venden por millones porque los medios de comunicación te recuerdan que los debes oír si te consideras una persona normal. El mayor peligro de las redes P2P es que diversifica los gustos que antes estaban concentrados. El intercambio descubre la música a mucha gente, y música es precisamente lo que las grandes multinacionales no venden.

La reseña publicitaria de El Corte Inglés al disco del Santa Justa Klan dice que los personajes de la serie Los Serrano que forman ese grupo apenas saben tocar una nota. Eso no ha impedido que se coloquen en el primer puesto de la lista AFYVE. La publicidad explica el éxito. Sin contar la mucha que ya les da la serie de televisión, estos cuatro pitufos makineros del siglo XXI recorrieron los platós y tuvieron toda la promoción que los grupos que se creen lo que hacen querrían. Y la que no querrían también la tuvieron: les abrió sus puertas la Gala de Mister España y el Programa de Ana Rosa Quintana donde los presentadores se pusieron a saltar "a toda mecha" sobre los sofás lanzando cojines como si tuvieran un ligero retraso mental. Ante este jolgorio, lo menos que hará tu hijo es exigirte el disco, y de ahí al número uno hay un paso. El negocio de las multinacionales es el de la venta de productos musicales que solo exigen dos requisitos a los consumidores: que tengan 20 euros a mano y que no sepan demasiado de música.

El hecho de que las multinacionales buscan un mercado predecible no es una suposición, sino que es un pecado confesado por ellas mismas. Cuando las estaciones de radio más minoritarias preguntaron a la RIAA por qué establecía un precio tan alto para la comunicación pública de sus obras expulsando así a cientos de emisoras, la RIAA contestó: la verdad es que no queremos que el modelo sea el de una industria con miles de emisoras, creemos que debería ser una industria con cinco o siete grandes actores que puedan pagar una tarifa alta y que sea un mercado estable, predecible.

El que los superventas sean los únicos que aparecen por televisión, hace pensar a muchos que el negocio de la música reporta a los cantantes piscinas olímpicas y mansiones en Miami y que por tanto la opinión de esos magnates sobre la piratería es secundada por la gran mayoría de un sector que muchos suponen millonario por definición. La realidad es muy distinta a esa, según el presidente de la SGAE, solo el 4% de los 70.000 socios de su entidad cobran más del salario mínimo interprofesional. A pesar de ello, son éstos, una minoría dentro de una minoría, los que salen en televisión representando a todos los demás. Mientras tanto, las encuestas dicen que la mayoría de los músicos cree que desde que existe Internet gana más dinero que nunca (3).

Del estudio Ingresos de los artistas y "copyright"; una revisión de datos de las industrias musicales alemana y británica en el contexto de las nuevas tecnologías se deduce que la base económica que sustenta al 90% de los músicos de los que nunca se habla, son las fuentes indirectas como la docencia, las conferencias y los conciertos. Si eso es así, para ese 90% es un buen negocio el descenso de la venta de discos a cambio de la popularidad que consiguen a través de los intercambios en Internet que hacen que aumenten todos los demás conceptos, que conforman su verdadero sustento.

Los músicos que más venden no solo son los únicos con voz sino también los únicos con voto. Nunca sabremos si la posición de SGAE tiene algo que ver con la de los socios que la componen porque solo pueden votar los que alcanzan una cantidad de ingresos anuales lo suficientemente elevados como para excluir a casi todos. Además, dentro de esos pocos elegidos, la cantidad de los votos se reparte dependiendo de si eres de los que ganan mucho o de los que ganan muchísimo. En las últimas elecciones, celebradas en el año 2001, fueron 6.461 socios los que tenían derecho a voto según este sistema que mide la idoneidad de tus decisiones a través de tu bolsillo. Ese número de votantes no significa ni el 10% de los autores integrados en SGAE. Teddy Bautista, presidente del Consejo de Dirección de SGAE, dice que él representa al albañil de todo esto, al que está en el andamio constantemente, sin embargo no son precisamente los albañiles de la música los que pueden votar para elegir quién y cómo debe representarles.

En un debate radiofónico con motivo de la Campus Party, Pedro Farré, lo intentaba justificar así:

Jorge Cortell
¿Pueden todos los miembros de la SGAE votar?
Pedro Farré
En la SGAE, de una u otra forma, como en toda sociedad, como en toda fundación, como en toda organización regida por el derecho, sus socios pueden participar de una u otra forma. Es decir es una sociedad que se rige por principios democráticos.

[...]
Javier Candeira
¿Pueden votar y cuenta su voto igual el del pequeño músico que acaba de empezar que el del grande?
Pedro Farré
Hombre, pues no, porque tenemos unos estatutos que establecen otro sistema pero esos estatutos, como en cualquier organización, se pueden cambiar.
Javier Candeira
Pero el pequeño no puede votar porque tiene menos votos que el grande. No puede cambiar esos estatutos.
Pedro Farré
Bueno, claro, pero, pero bueno, eso ocurre en cualquier tipo de organización de este tipo. Es que eso es lo normal. Lo normal es que así sea, claro. En cualquier sociedad no todos los miembros, no todos los socios, tienen el mismo número de votos. Es decir, es que no estamos hablando de unas elecciones como las que hay por ejemplo en España. En un país, pues, para elegir por ejemplo al presidente del gobierno o al parlamento, es que esto es otra cosa...

Efectivamente es otra cosa, y se llama voto censitario. Este sistema no solo le importa y afecta a los músicos si tenemos en cuenta que entidades como la SGAE, dirigidas como vemos por una élite económica, son las que promocionan las campañas publicitarias contra la "piratería", influyen en los legisladores y organizan cursos a jueces y policías para ilustrarlos sobre la realidad de la propiedad intelectual desde su particular e interesada perspectiva.

Las otras discográficas

Aunque es cierto que la mayoría de la música que se produce sale de un pequeño oligopolio que lo controla casi todo, existen también pequeñas discográficas independientes que intentan sobrevivir como pueden. Sin embargo, la ley de la ciudad, mucho más salvaje que la ley de la selva, es implacable. Las reglas establecen que el pez grande se come al chico y al mediano también. La lucha es desigual y para colmo la realidad se encarga de dar ayudas a estos monstruos discográficos acostumbrados a comer mercados y vomitar subproductos.

Una empresa pequeña que quiera sacar una tirada de discos, tiene que pagar por adelantado el permiso de reproducción mecánica a la Sociedad General de Autores y Editores.

Importa poco que la mayor parte de esos compactos no se venda o que se destine a promoción. Las alternativas se reducen a pagar o a no sacar el disco.

Por el contrario, para los muchimillonarios de la industria, todo son facilidades. Una gran empresa discográfica sólo tiene que pagar a final de año el importe que corresponde, no a las unidades fabricadas, sino únicamente a las efectivamente vendidas.

No son sólo las pequeñas discográficas. Los autores que han decidido autoeditarse su obra tampoco lo tienen fácil. Para imprimir una tirada de CDs con tu propia obra, si eres socio de SGAE, deberás pagarles para que ellos, previa deducción de su comisión por gastos de gestión, se lo abonen al autor... que resultas ser tú mismo. Gomaespuma contaba cómo en sus inicios se topó con esta absurda realidad:

Resulta que para dejarles fabricar diez mil discos les pedían un pastón.

—Pero, oiga. ¿Para qué es ese dinero?
—Para pagárselo a los autores.
—Si los autores somos nosotros.
—Pues para pagarles a ustedes.
—Si es que nosotros preferimos quedarnos con el dinero. ¿Para qué se lo vamos a dar a ustedes para que ustedes nos lo den a nosotros?
—Pues no pueden fabricar.

Comenta Guillermo: Total, que pagamos la pasta, que nos devolvieron meses más tarde con un descuento enorme en concepto de gastos por habernos tramitado el pago.

Hay empresas estampadoras de CDs que te reclaman ellas mismas el pago para hacérselo a SGAE. Lo que ocurre es que el miedo al pleito genera situaciones absurdas y no solo te exigen el pago de derechos de autor de todos los CDs que imprimas por adelantado sino que algunas te exigen ese pago incluso sin que ni siquiera grabes obras de autores socios de SGAE y a pesar de que ese sería un pago indebido.

Cuando algunos músicos me contaron esto no me lo podía creer. Pero, por asombroso que parezca, realmente es así. Lo comprobé escribiendo a una empresa de estampación de CDs española para que me lo confirmara. Les pregunté que si incluso en el caso de que yo quisiera sacar una tirada de CDs que incluyeran únicamente psicofonías debía pagar por los derechos de reproducción mecánica de esa estampación. Había que tener en cuenta que los autores a remunerar no solo no pertenecían a SGAE sino que además estaban muertos. La respuesta fue que tenía que pagar a SGAE igualmente porque la empresa ya incluía este pago en el precio del CD.

¿He de pagar a los autores incluso si éstos son fantasmas que habitan en mi casa y que susurran un par de tonterías a mi radio de doble pletina? No hay autores (para ser autor, es requisito indispensable crear la obra mientras estás con vida) e incluso si lo fueran no se puede decir que lo que ellos producían fueran realmente obras intelectuales. Solo eran algunas palabras sueltas de tipos muertos que no decían gran cosa: gritos sin sentido, lamentos, sollozos y alguna amenaza de asesinarte en la oscuridad (ya se sabe que a los espíritus les gusta gastar ese tipo de bromas). Pero no importa, tengo que pagar a SGAE que se encargará de hacerle llegar la recaudación de sus derechos a Casper.

Pregunté a SGAE si esto era realmente así y todos los delegados territoriales, por unanimidad, coincidieron en que solo hay que pagarles si las obras grabadas en el CD que se duplica son de socios de SGAE o de cualquier otra entidad de gestión del mundo con la que ellos tienen convenios. Esa respuesta es también justo la que da la ley, pero eso no impide que algunas empresas, por motivos cautelares, por miedo, o por mala fe, pidan un dinero que el músico no debe y que la mayoría de las veces no tiene.

Gestión colectiva

Las entidades [de gestión] recaudan para quienes se lo hayan encargado, y nada más, si no se quiere incurrir en supuestos de enriquecimiento injusto o sin causa.

Manual de Propiedad Intelectual. Coordinado por el Prof. Dr. D. Rodrigo Bercovitz

Muchos músicos han comprendido que la sobreprotección de su trabajo les corta las alas impidiendo que llegue a todos los lugares a los que a ellos les gustaría. Cuando te asocias a SGAE, cedes la gestión de tus derechos y a partir del mismo momento en que firmas el contrato, tu obra será controlada por esa entidad de gestión. Si tú, como padre de tu obra, decides que quieres colgarla en Internet para darle difusión, no tardarás en recibir una carta que te dirá que tienes que pagar unos derechos de comunicación pública a ti mismo. Obviamente te parece absurdo pagar a una entidad para que ella, previa deducción de su porcentaje de administración, te devuelva parte de ese dinero, pero de nada sirve que te niegues porque la gestión de esos derechos la ostenta la SGAE. Tú se la diste.

Algunos optan entonces por no asociarse, algo absolutamente legal en la teoría pero realmente difícil en la práctica porque existen ciertos derechos que solo pueden ejercerse a través de una entidad de gestión, como ocurre, por ejemplo, con los derechos de remuneración. Eso significa que no cobrarás lo relativo al uso masivo e incontrolado de tu obra. Las opciones que te quedan son o ser socio y perder el control sobre tu creación o no cobrar estos derechos que te pertenecen.

Estos derechos de gestión colectiva obligatoria están tasados y siguen siendo la excepción (4) y no la regla, pero son los suficientes como para que la libertad de asociación quede en entredicho. El profesor Juan Montero Aroca lo explica bien en La legitimación colectiva de las entidades de gestión de la propiedad intelectual:

Aunque pueda hablarse de libertad de asociación o de la existencia de miembros no socios, si una persona titular de derechos de propiedad intelectual o afines no puede proceder al ejercicio individual de los mismos, primero, porque es materialmente imposible pero, además, porque la Ley dice que las únicas legitimadas para ese ejercicio son las entidades de gestión, dicho está que podrá seguirse hablando de «libertad» para integrarse en una entidad, pero se tratará de una pura ficción jurídica. La libertad formal no puede llevarse al terreno de la realidad por los titulares de los derechos, a no ser que se quieran actuar en contra de sus propios intereses. Corresponde al interés del titular de derechos figurar como socio en la entidad de gestión correspondiente, unas veces porque de lo contrario no podrá percibir los derechos de simple remuneración (piénsese en el de copia privada) y otras por el riesgo de no estar identificado (sobre todo en las autorizaciones genéricas o de repertorio) y de que la cantidad que le corresponda acabe siendo destinada a las actividades culturales, institucionales o de asistencia de la entidad.

Si quieres cobrar estos derechos tendrás, por tanto, que asociarte a SGAE entregándole su gestión, que es justo lo que no querías al principio. Muchos pensarán que asociarse a SGAE y que te recaude esos derechos cobrando un porcentaje por la gestión tampoco es tan malo. Y es cierto, no lo es. A no ser que quieras tener algo que decir sobre cómo se gestiona tu obra, como demostró el caso Muzikalia.

El caso Muzikalia

Muzikalia es una revista de música independiente, que se ocupa de esos músicos para los que es un sueño vender más de 1.000 discos. Para ellos, los artistas que venden por millones son sencillamente de otro planeta.

Los cantantes de los que habla Muzikalia no tienen nada que ver con Christina Aguilera, no saben quién es Ricky Martin y no se sienten representados por Alejandro Sanz. Son el proletariado de los músicos. Son esos que no verás en Música Uno.

Muzikalia, en 2002, decidió dar un paso adelante en su labor de fomentar la escena musical independiente de este país, poniendo en su página web una radio on line y una sección de la que te podías descargar gratuitamente música en formato Mp3. Obviamente, se ocuparon antes de obtener la autorización tanto de los autores como de sus discográficas. Nadie se negó. Para que tu música salga en la radio o en televisión es necesario cumplimentar un papeleo burocrático que no está al alcance de cualquiera y que consiste, básicamente, en firmar un cheque con muchos ceros. Si no tienes dinero no puedes publicitar tu música y, si no puedes publicitar tu música, no existes. Por eso, para los grupos que no pasan de unos pocos centenares de copias vendidas, difundir su obra por cualquier medio es un paso de gigante que ayer ni pudieron soñar. Como el propio director me confirma, Muzikalia era una de las pocas revistas que daba tanto apoyo a la escena indie, y, obviamente, todo el mundo quería poner sus temas.

La idea era estupenda y beneficiaba a todos. Los grupos y las discográficas promocionaban sus discos y los usuarios podían acceder a ellos y conocer así música que ni sabían que existía.

La gran cantidad de descargas que tuvieron nada más poner en marcha el proyecto, convertían en mito aquello de que la radio escupe lo que los ciudadanos demandan. El éxito fue total y los músicos se congratulaban de lo mismo de lo que los ricos de la industria se lamentan. Lejos de matar la música, ésta cobraba vida con las descargas y a escala planetaria.

La SGAE tardó dos semanas en poner los puntos sobre las íes con un correo electrónico. La actividad que Muzikalia estaba llevando a cabo era ilegal y necesitaba la correspondiente autorización, lo que significa, traducido al castellano, que necesitaba firmar el correspondiente talón bancario. No importaba que los autores y las discográficas no solo autorizaran sino que desearan esa difusión. Los derechos de los autores, al estar asociados a SGAE, son gestionados por esa entidad del modo que ella cree conveniente, incluso si ese modo es justo el contrario al que aspira el autor.

SGAE pedía a Muzikalia un 6% de los ingresos que ésta obtenía con ese servicio o bien un canon mínimo mensual de 750 euros por la radio y las descargas de Mp3. Como ese servicio era gratuito y no tenían por él ningún tipo de ingresos, Muzikalia se veía obligada a pagar mensualmente una cantidad imposible para una revista independiente.

La revista alegó que lo que hacían era beneficioso para los autores, que ellos mismos lo habían solicitado, que su idea fomentaría la música independiente en España... La respuesta fue el equivalente educado de y a mí qué. Entonces se montó el revuelo. Telecinco, El País y Onda Cero, entre otros, se hicieron eco de la noticia: se iba a cerrar una web que difundía la música por expreso deseo de sus creadores. El siguiente paso fue contratar a un bufete de abogados que se encargaría de negociar la licencia para no tener que pagar ese mínimo imposible.

Muzikalia jamás consiguió otra licencia distinta a la que le ofrecieron inicialmente. Un año y medio de negociación infructuosa y 3.000 euros abonados en gastos, son suficientes para acabar con el ánimo de cualquiera.

¿Quién salía perjudicado de todo aquello? ¿Por qué se les obligó a cerrar? Nunca lo sabremos, pero lo que es evidente es que es complicado mantener que defiendes a los autores frente a las descargas gratuitas de Internet cuando es patente que un buen número de ellos incentivan y desean esas descargas. Quizás es que ese hecho, el que los músicos pidan que te descargues sus canciones y que pongan los medios para ello, es un argumento potente para los que defienden los beneficios de la libre circulación de las obras y la poca representatividad de los autores muchimillonarios. Sin duda la mejor forma de hacer desaparecer ese ejemplo que probablemente saldría en muchos debates sea forzando la retirada de la página que le sirve de base.

En cualquier caso la propiedad intelectual aplicada de la forma más restrictiva volvió a hacer otro gran bien a la cultura cerrando un sitio gratuito que permitía su difusión y su acceso. Si el derecho de autor nacido para proteger la cultura se ha convertido en el principal arma para asfixiarla es que algo está fallando. Si esto es así, es que se han olvidado los fines a los que sirven esos derechos. Si esto es así, es que hay que cambiarlo todo.

¡Este no es mi progre, que me lo han cambiado!

—¡Cómo has cambiado de ideas, Manolo!
—Que no, Pepe, que no.
—Que sí, Manolo. Tú eras monárquico. Te hiciste falangista. Luego fuiste franquista. Después, demócrata. Hasta hace poco estabas con los socialistas y ahora eres de derechas. ¿Y dices que no has cambiado de ideas?
—Que no, Pepe. Mi idea ha sido siempre la misma: ser alcalde de este pueblo.

Eduardo Galeano. Patas Arriba. La Escuela del Mundo al Revés

Lo que voy a contar en estas páginas es fruto de una investigación que me ha llevado meses. No me es fácil ni agradable revelar el secreto que me atormenta, pero es necesario que la ciudadanía sepa a qué se enfrenta.

¿No les extraña que los músicos progresistas sean los primeros en apuntarse al carro del insulto colectivo? ¿Cómo es posible que precisamente ellos tengan una visión de la propiedad tan asocial?

Muchos tirarán por el lado simplista del acto reflejo y dirán que la ideología tirita cuando el bolsillo tiembla. Los progres se aferran a la visión de la propiedad liberal como Gollum al anillo, en el mismo momento en el que la pugna entre interés colectivo e interés privado les deja a ellos en el otro lado del río. Desde allí, desde la orilla del privilegio, las banderas y las consignas tienen otro valor.

No puedo apuntarme sin embargo a esa teoría. Yo, aficionado a las tesis conspiranoicas, no puedo quitarme de la cabeza que hay algo más. Hay un plan que puede estar involucrando a las más altas instancias políticas y económicas.

Nuestros progres no han cambiado sino que han sido secuestrados y sustituidos por sus dobles. Sé que suena extraño. Sé que es difícil de creer. Pero tengo pruebas que les mostraré en este mismo capítulo.

No hay más que ver las declaraciones de estos músicos para darse cuenta de que son tan contradictorias entre sí que únicamente han podido ser realizadas por personas distintas. El 5 de Mayo de 2001, Victor Manuel, dijo en elmundo.es: Yo mismo estuve ayer bajando unas canciones en Gnutella. Sin embargo, tan solo cinco días después, aseguró en el CIBERPAÍS: No me creo esa reivindicación de la falsa pobreza que hacen los que se quejan de que los discos son demasiado caros. Copiarlos es tan delito como fabricar billetes de 10.000 pesetas.

La única teoría posible es que tras dar la primera declaración, un grupo secreto se puso en marcha, capturando a Víctor y sustituyéndolo por un doble previamente amaestrado que se apresuró a rectificar la declaración del cantante. No se podía permitir que alguien tan influyente dijera que él, sin ir más lejos, usaba las redes de pares para bajar música. El doble subsanó el error de su predecesor con una declaración más acertada.

Natalia Verbeke es posible que en estos momentos se encuentre junto a Víctor en una mazmorra sin saber qué ha pasado para haber llegado hasta allí. Puede que la razón esté en que el 11 de Julio de 2002 le dijo a un fan que, de las películas en las que ella había participado, su favorita era Jump Tomorrow y agregó si se estrena aquí, la verás y si no, bájatela por Internet. El 1 de Abril de 2005 todo cambió y ahora para ella la piratería hace estéril el esfuerzo que realizamos los actores o las personas dedicadas a la música, que luego vemos impotentes cómo las peliculas se bajan a través de Internet.

El caso en el que más rápido han actuado "aquellos que están en la sombra" fue en el de Presuntos Implicados. En una entrevista que dieron on line dijeron: Justo ayer empecé a usar un programa p2p. Necesitaba encontrar algunas grabaciones que no estaban editadas y me fue muy útil. Esa no es la respuesta que debían dar. Asociar las P2P con la posibilidad de localizar música difícil de encontrar puede justificar, al menos parcialmente, su uso. Debe ser por eso por lo que en la misma entrevista, tan solo cinco preguntas más adelante, aseguraron que en la manta solo se encuentran los discos que se promocionan en TV y radio, lo mismo ocurre con las descargas de Internet.

Pero, si les quedan dudas de mi teoría, este ejemplo las despejará completamente.

El 15 de Noviembre de 2002, el cantante Loquillo dijo que está claro que los discos pueden ser más baratos y que bajando su precio todos los implicados pueden seguir teniendo un margen de beneficios. Pero nadie se atreve a dar el primer paso: cuando un sello se atreva a hacerlo, los demás le seguirán.

Pasaron siete días y todo cambió: Los discos, a pesar de lo que dice mucha gente, deben subir su precio. (...) ¿Que la gente dicen que se puede bajar el precio? Sí, claro que se pueden bajar. Estupendo, toma el CD ¿Ahora qué haces? ¿Cómo se entera la gente de que has sacado un disco? ¿Qué vas, puerta a puerta y lo vas enseñando? No. Tendrás que tener una campaña de marketing para que la gente se entere. ¿Cuánto cuesta esa campaña? Pues cada vez más dinero, porque se han roto las reglas del juego y no es como hace 5, 6 o 7 años en los que había unos gastos muy parecidos en todas las compañías. En estos momentos un artista español no puede competir y, al no poder competir, a las compañías no les queda más remedio que subir el precio.

En aquellos tiempos, ANEDI, por una declaración de Alaska en la que decía que los discos estaban demasiado caros, retiró todos los discos de la cantante de las tiendas. Esa acción causó un revuelo importante y seguramente por eso, se decidió actuar con Loquillo con cierto sigilo pidiendo ayuda a "esos que actúan en la sombra". Así, capturando a Loquillo y sustituyéndolo por otro con idéntico tupé, se consiguió que tan solo una semana después el cantante suplantador dijera justo lo contrario de lo que había afirmado el suplantado.

Por miedo a ser raptados o porque ya lo han sido, la mayoría de nuestros progresistas se cambian de bando. No hay más que verlos en la tele para saber que no son ellos. Fíjense en ese extraño brillo en los ojos.

Vida de un músico de éxito

Antes de su gran éxito mundial, Ramón Peñicer, músico reconocido y probablemente el luchador más activo contra la piratería en el Top Manta e Internet, era un niño como cualquier otro. Hijo de compositores, pronto desarrolló una gran afición no solo por la buena música sino también por Luis Cobos. Artista autodidacta, comenzó a tocar la guitarra a la temprana edad de cinco años y a los ocho ya impresionaba con sus dotes como cantautor a sus amiguitos del colegio que rápidamente dejaron de hablarle.

Su adolescencia fue feliz. Ramón tenía un gran éxito con las chicas. Con sus melancólicas canciones, sus dotes como poeta y su elegante dulzura musical, lograba despertar la sensibilidad de las mujeres. Desgraciadamente, a la hora de practicar sexo todas se decantaban por Jorge, el futbolista estrella del instituto que era un tarugo machista y analfabeto pero de grandes pectorales.

A la edad de 18 años, un suceso trágico marcaría profundamente al joven artista. El coche que sus padres le habían regalado por su cumpleaños quedó destrozado a los pocos días de salir del concesionario en un accidente automovilístico. Por si fuera poco, los padres de Ramón iban dentro del coche y murieron en el acto. El joven, que se enfrentaba a todos sus problemas con la música, compuso la canción "Luna de Corcho", en clara alusión al brutal suceso.

Fue la canción protesta "Puños en alto hacia la Luna" la que decidió enviar a todas las discográficas. Esta canción, que paradójicamente reivindicaba un mundo más ecológico y un descenso en los inflados precios de los automóviles, fue un gran éxito entre los amigos y familiares del joven compositor, que rápidamente le animaron a que la eligiera como carta de presentación ante la industria de la música. Ramón, sin darse cuenta de que aquella recomendación era obviamente una broma como indicaban las carcajadas de sus compañeros, mandó también su composición a varias de las radios más importantes del país. Desgraciadamente no recibió respuesta de ninguna discográfica excepto de la Universal, que le rogó que no volviera a escribirles.

Con el convencimiento propio de los jóvenes y de los idiotas, Peñicer, decidió que su música debía oírse para que fuera el público el que juzgara por sí mismo. Con pocos medios pero muchas ganas, se autoprodujo su propio disco con la intención de lanzarlo y publicitarlo por Internet. Tras mucho esfuerzo, el joven cantautor terminó su primer trabajo discográfico: "Luna Loca de Noviembre". Su obra rápidamente dividió a crítica y público. Mientras los primeros la consideraban "ridícula" y "un insulto para la inteligencia", los segundos la calificaban de "repugnante" y "asquerosa".

Fue entonces cuando Peñicer cambió de rumbo en su estilo musical. Tomando en cuenta la recomendación de un crítico que le sugirió que se buscara un grupo y que él no participara en el mismo, Ramón, llevó a la práctica el primero de los dos consejos. Así empezaría la etapa más rockera y dura del cantante, formándose el grupo "Komando Revoltoso". Sus reivindicaciones tenían ahora una mayor potencia y sustituyó la poesía y la sutileza por potentes guitarras eléctricas y gritos desgarrados que reflejaban mejor su rabia contra lo establecido. La primera maqueta estuvo a punto de titularse "Contra el sistema impuesto por el capitalismo opresor en la era de la lucha de clases", pero al ser un título largo y de escaso gancho, decidieron resumirlo y llamarlo "Gargajo Verde". El disco, con un alto componente reivindicativo, criticaba el racismo, el fascismo, el capitalismo, el imperialismo, el machismo y los altos precios de los lotes en el botellón. Sin embargo, no todo era protesta, también tenían cabida en este álbum las melodiosas baladas. Memorable es el tema en el que se narra la romántica historia de un chico abandonado que llora la pérdida de su amada. La canción, que se tituló "No me dejes tronca, no me dejes hija de puta", hizo las delicias de muchos jóvenes de la época que se vieron rápidamente identificados con el personaje del amigo del protagonista que tiene que aguantar sus lamentos mientras que él no se come nada.

Tras la segunda maqueta, el grupo "Komando Revoltoso" se disolvió. Concretamente Ramón fue despedido de su papel como cantante principal, siguiendo el resto de la banda su camino con un nuevo vocalista y alcanzando un rápido estrellato comercial con su nuevo grupo "Amor Especial", que explotaba la música para chicas adolescentes con baladas románticas y bailes coreografiados y que, según los fans más puristas, traicionaba las raíces del conjunto.

Ramón contrató entonces los servicios de Paco Chascón, un manager que desde el primer momento creyó en las posibilidades del joven músico y que, nada más verlo, le recomendó que dejara de dar clases de canto y se metiera en un gimnasio. Tras varios meses de cambio de imagen, Peñicer, se convirtió en el joven apuesto que hoy todos conocemos. Con rebeldes rizos, camisetas ajustadas y barba de tres días, Ramón, se paseó por varias discográficas. Curiosamente, la Universal, que rechazó tajantemente al artista en sus primeros pasos como músico, fue la que más se interesó por él. Sin duda, Peñicer, guardaba todos los requisitos para ser una estrella de fama mundial: era apuesto, sexy y no sabía ni cantar ni componer, por lo que no intentaría modificar el disco con molestas pegas artísticas.

Así, al poco tiempo, se lanzó el primer trabajo discográfico de Ramón en una gran compañía. Su disco, que llevaba el picantón título de "Ritmo caliente de noche adolescente", fue un éxito de ventas inmediato. Radios y televisiones estuvieron muy pendientes de este trabajo que se bailó en todas las discotecas del país. Incluso la revista especializada "Rolling Stone" le dedicó un extenso artículo títulado "El fin de la música". El album, de estribillos pegadizos y contagioso son caribeño, estuvo durante varias semanas en lo más alto del Top Ten español.

Los medios más reconocidos comentaron este nuevo trabajo. Concretamente la sección cultural de El País calificó a Ramón como "el nuevo Bustamante". Pero no todo fueron malas críticas: el periódico ABC elogió el "excelente diseño" de la portada del disco.

Pero fue el público el que subió a Peñicer a los altares de la fama. Hubo unanimidad: Ramón era su nuevo ídolo. Este cambio tan radical fue muy difícil para la joven estrella y cuentan sus allegados que la fama se le subió a la cabeza y se convirtió en una persona difícil de tratar. Se paseaba por su antiguo barrio de clase obrera con su deportivo y cuando divisaba a algún antiguo amigo le soltaba indirectas del tipo "hasta siempre pringao" para después arrancar e irse a toda velocidad entre risotadas.

Fue con la llegada de su cuarto disco, cuando Ramón empezó a madurar musicalmente y a relacionarse de nuevo con los círculos sociales de los que procedía. Este disco, titulado "No es lo mismo, para nada", criticaba el desastre del Prestige, la guerra de Irak y el maltrato doméstico. El disco tenía vocación de atemporal y es por eso por lo que colocó una coletilla en la contraportada que rezaba "hago extensiva la crítica a todas las reivindicaciones que se pongan de moda en el futuro y con las que esté de acuerdo una amplia mayoría". El antiguo Ramón había vuelto. Tal y como declaró al periódico EL MUNDO, "los pobres merecen todos mis respetos porque en el fondo también son personas", metiéndose así en el bolsillo a las clases más desfavorecidas.

A pesar de que los entendidos dicen que las canciones del artista son prácticamente indistinguibles entre sí, Peñicer se ha convertido en el cantante más laureado del panorama nacional. Sin importarle los constantes insultos de una minoría y la afrenta personal que supuso que le otorgaran el premio MTV al mejor cantante de 2004, Peñicer sigue adelante con su meteórica carrera profesional y en su lucha por salvar a la música de su peor cáncer: la piratería.


(3) Estudio de Pew Internet and American Life Project. ↑ 3

(4) La STS de 22 de Junio de 1996 dice que a excepción de los supuestos de gestión colectiva obligatoria pueden los titulares de los derechos infringidos dirigirse directamente contra quienes explotan sin la pertinente autorización esos derechos. Los derechos de gestión obligatoria que conforman esta excepción están dispersos por la Ley de la Propiedad Intelectual, concretamente en los artículos 20.4.b, 25.7, 90.7, 108.4, 109.3.2º, 116.3 y 122.3. ↑ 4

Algunas fuentes consultadas

BBC. Piratería: un tema espinoso. 28/8/02.
Anuario SGAE 2004.
El País. El negocio musical se apunta a los conciertos. Luis Hidalgo.
El Mundo. Más conciertos y menos discos en el pasado año. 1/7/04.
SGAE: Seguimos con la resaca de 'Operación Triunfo', porque en 2001 fue un gran año para los conciertos debido a estos artistas.
Memoria SGAE 2002.
Nota de prensa SGAE. La SGAE repartió entre sus socios 262,5 millones en 2003, un 6% más que en el ejercicio anterior. 14/4/04.
Pedro Farré. Entrevista on line en EL PAIS. 20/4/05.
ABC. España es el país de Europa occidental con mayor índice de piratería musical. 23/07/04.
Entrevista de Guillem Martínez a King África para Interviú ( 1485, 11/10/04).
Reseña del Corte Inglés al disco de SJK: Guille, Teté, Boliche y DVD, estos cuatro personajes de la serie Los Serrano, en plena adolescencia y sin apenas saber tocar una nota, han formado un grupo músico-vocal de nombre SJK
Manual de Propiedad Intelectual. Coordinado por el Prof. Dr. D. Rodrigo Bercovitz
Juan Montero Aroca. La legitimación colectiva de las entidades de gestión de la propiedad intelectual.
Eduardo Galeano. Patas Arriba. La escuela del mundo al revés.
Entrevista a Victor Manuel. Elmundo.es 5/5/01.
Entrevista a Victor Manuel. Ciberpaís. 10/5/01.
Entrevista a Natalia Verbeke. Elmundo.es. 11/7/02.
Entrevista a Natalia Verbeke. La Gaceta de los Negocios. 1/4/05.
Entrevista on line a Presuntos Implicados. El País. 27/04/05.
El Mundo. ¿El precio justo?. 15/11/02
Entrevista a Loquillo. Emisión digital. 22/11/02.

Fin del capítulo nº 4

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